Nuestro mundo se ha vuelto del revés. Cuando en los tiempos pre-pandemia hablábamos de un mundo VUCA y conceptos similares, realmente no entendíamos bien lo que eso significaba. La crisis del coronavirus ha generado unas consecuencias dramáticas para la vida de muchas personas, y ha hecho que, tras años de mejora sostenida, muchos de los indicadores asociados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible hayan retrocedido.

Esto se vislumbra aún más en un país como España, donde la caída económica ha sido mucho más pronunciada que en otros de nuestro entorno. La crisis de la COVID-19 llevó a la economía española a registrar en 2020 un descenso histórico del PIB del 11%. Por establecer una comparativa reciente, la anterior mayor caída fue en 2009, con un -3,9%. La recesión sufrida en 2020 ha sido la mayor desde la Guerra Civil, cuando se estima que la economía se desplomó más de un 26%.

Este escenario ha supuesto que muchos de los indicadores sociales se hayan situado en zonas de alarma. Por poner algunos ejemplos, la tasa de paro en 2020 fue del 16,13%, elevándose al 40,13% en el caso de los menores de 25 años. Hay más de dos millones de personas mayores de 65 años que viven solas, cifra que ha aumentado más de un 6% a nivel interanual. La pobreza y la desigualdad se disparan, con más de un 20% de personas en riesgo. Por no hablar de las consecuencias sanitarias de la pandemia, las más dramáticas de todas.

Frente a este escenario, y siendo optimistas respecto a la mejora del mismo como consecuencia de la campaña de vacunación, hace falta que el mundo empresarial explore nuevas fórmulas para dar soluciones a sus problemas. La carrera hacia la sostenibilidad en la actividad de la empresa es ya una senda imparable, pero existen otros ámbitos de actuación que pueden hacer que el impacto se multiplique.

En concreto, en este artículo vamos a hablar sobre las alianzas entre las empresas y el tercer sector para cambia el mundo, dos mundos que parecían antagónicos y que en los últimos tiempos se han acercado el uno al otro, no sin prejuicios mutuos. ¿Cuántas veces hemos escuchado frases tales como “esto no es una ONG” o “a las empresas solo les importa el dinero”? Yo, al menos, muchas. A la transición de las empresas hacia la sostenibilidad social se une una tendencia creciente en el tercer sector a adoptar modelos de gestión empresarial, e incluso modelos de negocio mercantiles, hibridándolos con las líneas tradicionales de financiación (subvenciones, donaciones). En un esquema simplista, podríamos colocar a las organizaciones a lo largo de dos polos, dependiendo si tienen ánimo de lucro o no lo tienen:


Uno de los mayores errores en los que se cae a la hora de abordar los problemas sociales es el reduccionismo. El desempleo, la pobreza, la desigualdad o las cuestiones medioambientales, por citar algunos, son fenómenos poliédricos, redes tensionadas Imaginad un Cubo de Rubik .Cada vez que mueves una cara, se descolocan muchas otras. Y esto es lo que sucede con muchos problemas sociales. Su complejidad y multidimensionalidad requieren de respuestas conjuntas e innovadoras a los problemas.

El ODS número 17 nos habla de las alianzas para conseguir los objetivos. Y es en este marco donde se deben impulsar las alianzas transformadoras, aquellas que cambian la vida de las personas. La relación entre las empresas y el tercer sector está siguiendo la siguiente evolución:

La etapa de hostilidad, en la que las organizaciones sociales realizaban campañas para denunciar la actividad de las empresas, se ha reducido considerablemente, en buena medida por el giro del sector empresarial hacia una sostenibilidad que no supone una opción hoy en día. La desconfianza y el desconocimiento van disminuyendo, si bien es cierto que aún quedan prejuicios por superar, lo que depende sobre todo del conocimiento y del trabajo mutuo.

Y, sin duda alguna, los modelos de colaboración son cada vez más comunes. En la primera etapa de colaboración, la filantrópica, se ubican las donaciones (en dinero o en productos) o patrocinios que realizan las empresas (normalmente con un tamaño medio o grande) hacia determinadas ONGs. Este tipo de colaboraciones, sinceras y desinteresadas en la inmensa mayoría de las ocasiones, aunque no sin ciertas suspicacias de “greenwashing social” en algunas otras, se están moviendo hacia un modelo transaccional, que se define por la existencia de un intercambio de valor entre las partes. Aquí ya no existe únicamente una relación por la que la empresa dona u otorga algo a la ONG, sino que que se realizan programas conjuntos, en aspectos tales como el marketing con causa o el voluntariado corporativo. Un ejemplo claro de esto último lo vemos en Voluntare https://www.voluntare.org, una red internacional para la promoción del Voluntariado Corporativo en Europa y Latinoamérica, con más de 80 miembros en la actualidad. En este segundo estadio, la ONG recibe dinero o activos intangibles (horas de voluntariado corporativo, consultoría pro-bono etc.) y la empresa recibe retornos en forma de aprendizaje, imagen y visibilidad pública, mejora del clima laboral etc.

Pero, donde realmente está la oportunidad para generar un impacto transformador, es en las colaboraciones estratégicas o integrativas. Estas colaboraciones se generan cuando se pone en marcha un proyecto compartido en el que ambas partes ponen su conocimiento, know-how y activos intangibles al servicio del mismo. En este caso, estamos superando el intercambio de valor, para pasar a la creación conjunta de valor. Estamos hablando de que las empresas y las ONGs se convierten en socios, y se ponen a trabajar de manera conjunta en el proyecto, incluso creándose estructuras conjuntas. Uno de los ejemplos más claros de este tipo de alianzas es la protagonizada por IKEA y ACNUR. https://www.acnur.org/fundacion-ikea.html. Esta alianza, que lleva en marcha desde el año 2010, tiene diferentes líneas de trabajo, pero una de las más significativas es la puesta en marcha de un proceso por el cual ambas organizaciones pusieron sus capacidades estratégicas para diseñar tiendas para los campos de refugiados. Frente a las imágenes a las que estamos acostumbrados a ver en televisión, donde miles de personas se hacinan en tiendas de campaña en unas condiciones infrahumanas, el trabajo conjunto de las dos organizaciones derivó en el diseño de una tienda sostenible, de fácil montaje y con alto confort, que fue incluso objeto de premios de diseño a nivel internacional.

Para que estas alianzas funcionen, es imprescindible que se den cinco condiciones:

  1. Confianza y conocimiento mutuo.
  2. Propósito y valores compartidos.
  3. Reconocimiento de la sinergia: el proyecto generará una ventaja competitiva para ambas partes.
  4. Sentido de copropiedad del proyecto.
  5. Estructura y metodología de trabajo.

Las colaboraciones más poderosas surgen cuando los problemas sociales son más acuciantes, y estamos en un momento en el que son más necesarias que nunca. Todos y cada uno de los tipos de colaboraciones son necesarios, pero las uniones estratégicas o integrativas son las que tienen un mayor potencial para cambiar las cosas. Apostemos por ello.

Álvaro Retortillo Osuna
Director Corporativo de Desarrollo en la Fundación Santa María la Real

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