“CÓMO CONTARSELO A LOS NIÑOS PARA QUE LA ENTIENDAN LOS ADULTOS”

Hace mucho tiempo en la isla de las Corporaciones, Island, para sus habitantes, vivían dos empresarios multimillonarios, Optimus y Curiosus.

Optimus. Era más conservador. Se sentía seguro aplicando las fórmulas de siempre de la manera más exacta posible.

Curiosus tenía un carácter social y abierto; bromeaba con frecuencia y le gustaba probar cosas nuevas.

Ambos dirigían sus empresas con una técnica impecable, se habían rodeado de los mejores gestores, técnicos y directivos que habían podido reclutar. Conocían la biblia de las leyes del mercado y sus entresijos al dedillo y trataban de aplicarlas de la manera que mejor favorecía a su productividad.

Con el tiempo se habían ido dividiendo la isla más o menos por la mitad a medida que las empresas de cada uno se habían ido extendiendo de forma natural.

Incentivaban a los trabajadores o los penalizaban. A veces les presionaban e incluso les amenazaban si eso beneficiaba sus intereses. De hecho, solo eran para ellos una pieza más del sistema productivo; a veces tan molesta e impredecible que incluso la reemplazaban por un robot en cuento podían.

Los clientes eran sujetos a los que persuadir, y cualquier medio para logarlo era considerado válido si conseguía los resultados esperados.

Exhibían una publicidad todo lo agresiva que les permitía su imaginación y a veces traspasaban la línea que separa la verdad del engaño, si con ello podían obtener una pequeña ventaja sobre el otro.

Entre los dos eran los dueños de casi todas las empresas de la isla; casi todos los habitantes de Island Corpotations trabajaban para uno u otro y compraban los productos que necesitaban a los dos, según mejor les convenía en cada momento.

A pesar de ser muy amigos, los dos empresarios, siempre estaban compitiendo y retándose por saber quién de los dos era el mejor, quien de dos obtenía los mayores beneficios netos, quien era el que más incrementaba la productividad y quien era capaz de aumentar más rápido su fortuna. Los resultados, año tras año, eran tan iguales que se hacía difícil saber quién ganaba la pugna. Siempre estaban en el punto de mira de las revistas de empresa y economía ya que ambos se esforzaban en poner en práctica las ideas más originales que podían para superar al otro.

Curiosus pasaba unos días vacaciones en el continente, alejado de preocupaciones y todo lo relajado que le dejaba su condición de empresario de éxito; ¡aunque incluso entonces, se le veía manipulando el móvil cada 5 minutos! Le llegó el rumor de que por aquellos lugares también veraneaba uno de los sabios, más sabios, de la economía. Como tenía muy claro que esas oportunidades había que aprovecharlas decidió disponerlo todo para provocar un “encuentro fortuito.”

¡Buenas tardes!, perdone, su parecido con el profesor Doctus es increíble; se le ve en muchos medios dando conferencias, y dicen que sus ideas son tan estupendas que si las sigues pueden conducirte al éxito empresarial.

Si ese que dice soy yo; pero mis ideas, son muy sencillas; han estado siempre ahí, a la vista de todos; yo solo quiero que se pongan sobre el tablero de juego por que benefician a todos. Pienso que arreglaran un poco la situación económica actual, que no parece muy halagüeña.

Yo soy Curiosus, sin duda habrá oído hablar de mis asombrosos éxitos empresariales en Island Corpotations y, la verdad, no veo la necesidad de cambiar mis estrategias, pero si tengo curiosidad por saber sus propuestas.

Lo cierto es que, como usted sabrá, tengo un fiero competidor; y, guiñándole un ojo, se atrevió a decirle: “quizás si me enseña alguna de sus “picardías” pueda por fin derrotarlo para siempre”.

Lo siento, pero es que mi propuesta- respondió Doctus- no contempla derrotar a nadie, es más bien es un “ganar-ganar”.

Pues mal empezamos, no creo que sirva de mucho su teoría en este mundo tan agresivo donde si no comes te comen. ¿Dónde queda la competencia, producir siempre más y que los productos den más beneficios sea como sea?

Bueno, en el sistema que yo defiendo, también competimos, pero no por producir más, sino mejor y que los beneficios sean para todos, estén mejor repartidos. Usamos términos como sostenibilidad y responsabilidad social.

En ese momento, el profesor Doctus, con la mirada situada en el pasado, comenzó a decir:

“Todo comenzó hace unos años; los dirigentes de todos los países se reunieron por que muchos sabios les habían alertado de un gran peligro que se cernía sobre todos.

Fruto de nuestro sistema productivo de crecimiento continuo sin control; de nuestra manera de vivir, consumiendo con desenfreno de manera voraz, habíamos deteriorado tanto el medio ambiente que quizás lo hubiéramos dañado tanto que fuera demasiado tarde para repararlo. Además, las desigualdades entre las personas y los países habían aumentado mucho. Unos pocos controlaban casi toda la riqueza, y esto amenazaba constantemente la paz y la convivencia. Los trabajadores se veían explotados y además no se sentían para nada identificados con las empresas y corporaciones donde trabajaban. No eran nada felices. La corrupción y la falta de ética también estaba avanzando por todas partes.

Los sabios idearon un plan simple, pero muy ingenioso, para dar una solución definitiva a estos problemas, que no obligaría a nadie, pero en el que al final, todos querrían participar. Propusieron 17 objetivos y los llamaron Objetivos de Desarrollo Sostenible. Todos los actores sociales deberían colaborar. La parte que implica a las empresas pasaría a llamarse RSC, responsabilidad Social Corporativa, y pretendía que las empresas y las corporaciones devolvieran parte de sus beneficios a la sociedad. Contribuirían de manera voluntaria a la mejora social, ambiental y económica y la sociedad les premiaría con un posicionamiento preferente en el mercado.

El plan contempla que sean los propios consumidores los que regulen la situación, al preferir los productos que mejor contribuyan a esas mejoras para todos. Se trata en definitiva de utilizar las propias reglas del mercado para “animar” a las empresas a hacer algo más que lo que les obliga la ley. ¡Todos querrán ser los chicos buenos a los que premiarán comprando sus productos!

Pero subyace la filosofía de que vayamos aprendiendo un comportamiento ético y social que esté basado en el consumo responsable y la producción sostenible y produzca un beneficio para todos. El bienestar y la felicidad de las personas y las sociedades es el motor de la productividad y desarrollo sostenible.

Siguieron hablando toda la tarde y luego se despidieron, prometiendo verse en otras ocasiones. Curiosus había recibido un curso rápido de primera mano, pero estaba convencido de que el plan no era más que una declaración de buenas intenciones;

Cuando unos días más tarde regresó a Island se llevó un gran disgusto al comprobar que Optimus había aprovechado su ausencia para subir unos puntos en el ranking. Estaba un poco apesadumbrado pensando cómo recuperarse, cuando se acordó de lo que le había enseñado el profesor aquella tarde. Comenzó a preguntarse qué pasaría si ponía alguna de aquellas ideas en práctica. Decidió probar.

Dio las ordenes necesarias para que los hoteles de su cadena, la mitad de los de la isla, hicieran un plan para ahorrar agua ya que era un bien muy preciado en una isla; colocaran, estupendas placas solares de última tecnología en ellos, para producir energía y reducir la contaminación. También comenzó a utilizar productos ecológicos y locales en los restaurantes.

Aquel verano pudo observar ya el cambio. Los turistas que llegaban en oleadas, a disfrutar de unas merecidas vacaciones preferían descansar en los hoteles en los que se exhibían unas grandes placas solares ya que denotaban respeto por el medio ambiente, sobre el que cada vez estaban más sensibilizados. En el restaurante, los clientes, se sorprendían de poder comer alimentos sanos, ecológicos y probar los mejores platos hechos con productos locales; algunos de ellos solo se producían en la isla. Y se lo recomendaban a los amigos, o decidían repetir al año siguiente. Los agricultores de la zona estaban muy contentos porque habían aumentado sus ventas y se planteaban aumentar la producción. Incluso pusieron en marcha una universidad donde se enseñaba e investigaba la combinación de la agricultura ecológica y las últimas tecnologías.

Como aumentaron los beneficios en la cadena de hoteles, y recordando los consejos del profesor, el empresario, aumentó el sueldo de los empleados, las vacaciones y algunos días libres. Ellos, más contentos y relajados, hacían mejor su trabajo y trataban con más profesionalidad y amabilidad a los clientes.

Curiosus miraba una y otra vez los gráficos de su cuenta de resultados porque no se podía creer que unas medidas tan sencillas le hubieran dado esos beneficios.

Ahora era Optimus quien estaba enfadado. Tenía que averiguar qué clase de “malas artes” había utilizado su amigo para superarle de esa manera.

Mandó espías que le informaron rápidamente de que estaba utilizando unos extraños principios cuyo nombre en clave era ODS y que además se había unido a un movimiento llamado RSC. Producían una especie de encantamiento en los clientes y en todo el que se encontraba en su entorno. Lo cual debía ser cierto, porque casi todo el mundo en sus hoteles, decía estar encantado.

Decidió documentarse y trazó un plan para imitar y superar a su amigo.

Puso unas grandes placas solares en sus establecimientos hoteleros, pero para ahorrar costes, las que puso, no eran de verdad, solo unas llamativas maquetas. Creó unos enormes carteles a todo color, con las medidas de ahorro de agua y energía, pero se quedó ahí, solo en los carteles. Compró productos de aspecto ecológico para sus restaurantes, que en realidad eran los de siempre con un envoltorio diferente y amenazó a los empleados con reducir la plantilla si no obtenía los resultados esperados.

Aquellas medidas no hicieron más que empeorar su situación. Pronto todos se dieron cuenta del engaño. Los empleados, nerviosos y estresados no eran capaces de calmar a los clientes, que no hacían más que pedir las hojas de reclamaciones.

La farsa se extendió rápidamente por las Redes. El número de clientes alcanzó mínimos nunca vistos. Y la cuenta de resultados se convirtió en una flecha roja que apuntaba hacia el abismo.

Tremendamente alarmado, y superando su orgullo, Optimus pidió ayuda a su amigo.

Te presentaré a alguien que sabe mucho más de esto que yo- le dijo Curiosus-; y los dos fueron a pedir consejo al Profesor, que así les habló:

“Si queréis participar en el Plan tenéis que saber que es necesario ser absolutamente honestos y sinceros; los ciudadanos, vuestros clientes, están cada vez más sensibilizados con los ODS y procuran hacer su parte optando por un consumo responsable. Procuran informarse de quienes son las empresas que “cumplen” lo que dicen”. Y no hay cosa que más les moleste que la falsedad y la incoherencia; y la castigan duramente.

Otra cosa que deberéis tener en cuenta es que estamos ante algo muy serio. No podemos engañarnos. Aquí no nos jugamos solo el éxito empresarial, el bienestar o la felicidad de los ciudadanos; ni siquiera la supervivencia del planeta. Nos jugamos nuestra propia supervivencia. Si fallamos la vida en este planeta continuará, pero sin nosotros.

Es indispensable que trabajemos juntos, las empresas, los gobiernos y los ciudadanos para cambiar de rumbo. Conseguir un crecimiento sostenible, una mayor igualdad en unas sociedades pacíficas, y por supuesto, más felices.

Ambos volvieron convencidos y establecieron un plan conjunto para la isla. No dejaron de competir y rivalizar; pero ahora sabían del valor de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de su poder para atraer clientes, si se utilizaban de manera sincera. Personalmente eran mucho más felices. Ahora se sentían queridos por los clientes, los trabajadores, los accionistas y por toda la comunidad de la isla. Y lo más importante. Ahora tenían un “para que”.

Este cuento aún no tiene un final; Lo estamos escribiendo cada día entre todos; lo estamos escribiendo aquí y ahora. Cada uno desde el lugar que ocupa; el empresario, el trabajador, el accionista, el político, el que enseña, el ciudadano y el consumidor; a veces estos papeles se solapan. Que tenga final feliz depende de que nos impliquemos con todos los recursos, cada uno desde su puesto, de manera sincera, inteligente y responsable en conseguir, lo antes posible, los ODS. Mientras tanto aprended y disfrutad del camino.

Diana Caballero Miñambres. Secretaria de la Junta Directiva de VR

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